CRÓNICA VISITAS VALLADOLID EN FEMENINO PLURAL

Por María Luisa López Municio

Terminamos enero y comenzamos febrero con un paseo por el tiempo, los espacios y los imaginarios colectivos. Sin duda cada una dotamos de significado a los diferentes rincones, y además va cambiando a lo largo de nuestra vida, pero lo curioso es que en numerosas ocasiones ni siquiera somos conscientes..

Eso mismo ocurre con la Historia, muchos espacios ya van asociados a determinados acontecimientos en determinadas épocas, y sin embargo, qué interesante es romper estas estructuras mentales y repensar el pasado, y repensar las actividades que pudieron hacer las mujeres en singular y en plural, sus miedos y conquistas.

Ése era el eje de estos paseos, enfrentarnos con otra mirada al pasado y darnos cuenta que también lo seguimos construyendo, como el presente y como el futuro. Y así empieza cada paseo, explicando por qué hacemos esto y por qué cada lugar que visitamos, tiene muchas miradas, y lanzando preguntas, lo que nos permite compartir estos imaginarios que todas llevamos construidos en torno a las historias de las mujeres, las que hemos aprendido y las que damos por supuesto. Pero también la historia de nuestra ciudad, esa ciudad en la que hemos nacido o a la que hemos llegado por algún motivo.

A veces incluso es emocionante darnos cuenta de la conexión que podemos tener con el pasado en muchos aspectos como en cuestiones de violencia machista o en la fuerza que a veces nos lleva a hacer grandes gestas que todavía cuesta encontrar en los libros y que en realidad nos hablan del día a día de otras mujeres en otras épocas. 

Y lo más interesante es el clima que se crea en cada grupo, el interés que despierta conocer datos desconocidos, el ver que también Valladolid ha tenido muchas vidas y muchas inquietudes, la huella que incluso nosotras podemos dejar sin ser conscientes de ella, en la ciudad y en el resto de personas.

Cada una se queda con un aprendizaje, con una motivación, o con una inquietud, pero lo que nos llevamos todas es ese rato compartido en grupo en un momento en el que es difícil encontrarse y en el que la desesperanza va haciendo mella. Y quizá, sólo por eso, por ese rato compartido, por esos intercambios de emociones y pensamientos, merece la pena el paseo.

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